domingo, 27 de noviembre de 2011

sábado, 26 de noviembre de 2011

martes, 22 de noviembre de 2011

martes, 15 de noviembre de 2011

martes, 8 de noviembre de 2011

regalo de pepi para mi padre

Cuando una máquina funciona con pleno rendimiento durante muchos años, llega un momento en que se termina rompiendo. El corazón de Momito ha sido una máquina en plena productividad cada día de su vida. Ha estado prodigando cariño a todo el que lo conoció. El corazón de Momito ha sabido producir un amor incondicional, gratuito y humilde. Es lógico que se agote, es de la única manera que nos podía dejar, cansado de dar amor y cariño. En un mundo materialista, donde la ambición y el interés se mueve a nuestro alrededor, Momito siempre estuvo dentro de su burbuja de sencillez, siempre le rodeó un halo, una aureola de hombre especial, de hombre bueno, amable, sosegado, con un afable “Que hay mi hija”, que lo caracterizaba. Era el padre de todos, aunque solamente lo fuera de unos pocos. Es imposible que se pueda expresar en pocas palabras la grandeza de un hombre, y Momito era muy grande dentro de su flaco cuerpo, ser un ser excepcional, porque para ser excepcional no hace falta tener riquezas, ni poder, ni tantas cosas superfluas que nunca sustituirían a una caricia o un beso. A Momito no le hacía falta nada, teniendo a su familia, sus quinielas y poco más, él era muy feliz. Esa sencillez era lo que lo hacía grande. Cuantos recuerdos en la mente de los que le conocían. Por la mía en estos momentos pasa su voz diciéndome mientras me enseñaba a poner un anzuelo con mis torpes dedos “mi hija, nunca se le dá la espalda al mar”. Fueron muchos peces los que pescaste Momito, pero no solamente enganchaste peces, en tu corazón atrapaste a todos los que te conocimos y nos transmitiste una paz y un cariño incondicional que seguro que se mantendrá de por vida en nuestros corazones. Todos sabemos que hoy el tuyo, allá donde esté, estará funcionando con la mayor potencia, porque estarás con la persona que querías ver desde hace muchos años. Querido Momorito, por muy averiadas que estén nuestras máquinas, en nuestros corazones siempre estarás.

viernes, 4 de noviembre de 2011